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CREACION DE LA PRELATURA DE MOYOBAMBA.
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CREACION DE LA PRELATURA DE MOYOBAMBA
La Historia de la Iglesia del Perú tiene mucho que contarnos; sobre cómo tantos misioneros han entregado sus vidas para darnos la semilla de la Palabra de Dios. Pero, en este pequeño apartado quiero contarles cómo se dio el nacimiento y desarrollo de la Iglesia en San Martín, en concreto, la Prelatura de Moyobamba.

Con la llegada de los Españoles al Perú (1532), también llegó la fe Católica; los padres franciscanos, en su afán de cumplir la misión de Cristo: “Id, pues; y haced discípulos a todas las gentes bautizándoles en el nombre de Padre y del Hijo y del espíritu Santo, y enseñándoles a guardar todo lo que yo os he mandado” (Mt 28, 19-20).

Así, pues, se puede afirmar con toda veracidad que lo mejor que nos han dejado los Españoles es la fe Cristiana en la Iglesia Católica que es la verdadera Iglesia de Cristo.

Ahora bien, la conquista trajo, además, la formación de muchas ciudades y pueblos; dentro de ellos a Moyobamba el 25 de julio de 1539 por Alonso de Alvarado.

“Los españoles vieron con buenos ojos la presencia de los misioneros, que de paso constituía la mejor política en el procesó colonizador” (Cf Arrien, Gregorio. Una Esperanza de la Amazonía: Los pasionistas en la selva peruana 1913-199…) Es así que se forma la arquidiócesis de Lima que tenía en su jurisdicción a casi toda Sudamérica y parte de Centroamérica, nombrando como primer pastor de la arquidiócesis a don Jerónimo de Loaysa en el año de 1546, quién sirvió con gran abnegación al pueblo de Dios en el Perú. Muere en 1575.

Después de seis años de la muerte de Loaysa lo sucede el joven Obispo Toribio Alfonso de Mogrovejo en mayo de 1581, hoy santo. “Se calcula que santo Toribio recorrió más o menos cuarenta mil kilómetros entre las cuatro visitas que realizó a su extensa diócesis” (Cf. Benito Rodríguez, José Antonio. “ Libro de visitas de santo Toribio Mogrovejo 1593-1605). Dentro de estas visitas que realizó el santo obispo llegó también a la ciudad de Moyobamba el 6 de julio de 1586.

Las dos visitas de Santo Toribio a Moyobamba

En el primer capítulo recordamos cuando nuestro ilustrísimo obispo llegó a Moyobamba el 6 de julio de 1586. La alegría fue grande por la presencia del Obispo en la ciudad. Él nos ha dejado su ejemplo de celo por el rebaño que Dios le ha encomendado movido por el deseo incansable de llevar el mensaje de la palabra de Dios hasta el último pueblito de su diócesis. En Moyobamba encontró, en aquel tiempo, a encomenderos españoles e indios que vivían en la ciudad. En aquella visita confirmó a 69 personas entre indios y españoles.
La segunda visita del obispo Toribio a Moyobamba fue el 04 de mayo de 1595. En la Iglesia Mayor de nuestra ciudad santo Toribio dejó, para la celebración de los divinos oficios, un juego de ornamentos sagrados y un cáliz dorado con patena, vinajeras y bacinilla, todo de plata, y un guión o cruz que traía delante, de plata.
También, visitó las doctrinas encargadas al padre Fray Sebastián Rendón, en los llanos de Moyobamba con ocho pueblos: Dezetor, Oromina, Gepelacio (Jepelacio), Surrón, Chichimaro, Jaque, Yranare y Toche de Sipe. La suma de las personas que confirmó el santo obispo fueron alrededor de cien. Además, visitó la doctrina del padre Fray Blas de Alcántara en los valles de Moyabamba, el cual tenía a cargo nueve pueblos: Huasiriquin de la otra banda del río, Gera, Arbizao[?], Yantaro (Yantaló), Palanga, Chirimoyo, Naranjos, Zoritor (Soritor) y Guacitirayo, en los cuales confirmó noventa personas y en su primera visita a estos mismos pueblos llegó a confirmar a 493 personas (Cf. Benito Rodríguez, José Antonio Libro de visitas de Santo Toribio Mogrovejo 1593-1605. Fondo Editorial de la Pontificia Universidad Católica del Perú. Abril 2006. Introd. págs. 118 -121) Muchos de los pueblos nombrados ya no existen en la actualidad, o porque han cambiado de nombre o porque simplemente han desaparecido. Así es como la fe se fue sembrando en la Iglesia naciente del Perú y en concreto en Moyobamba.

SALIDA DE LOS JESUITAS Y
CREACIÓN DEL OBISPADO DE MAYNAS:


Luego de un largo período de evangelización en el Perú, principalmente a cargo de los jesuitas y franciscanos, aconteció que por orden de Carlos III en 1768, los jesuitas fueron expulsados de las misiones de la selva peruana quedando a cargo los clérigos seculares y luego los religiosos franciscanos. Esto trajo como consecuencia la huida de los indígenas hacia el interior, volviendo a su vida de cazadores, pescadores y recolectores.
La vida cultural y educativa que implantaron los jesuitas se vino abajo, quedando las zonas de misión abandonadas por varios años. La evangelización se vio atrofiada por la falta de misioneros que llevasen y enseñasen la Palabra de Dios.
En los años posteriores a la salida de los jesuitas se elaboraron varios informes, obra de Francisco Requena (ingeniero y capitán de Ingeniería), que se consideran como los verdaderos antecedentes de la constitución del obispado de Maynas.
En una de sus primeras exposiciones (1775) Requena no fue tomado en consideración. Pero ya, por orden del presidente de la Audiencia de Quito, José García de León y Pizarro, Requena redactó un nuevo informe en 1779, debido al lamentable estado de las misiones, con el objeto de remediar en algo la situación.
En 1781 añadió un apéndice a su informe ampliando los datos e insistiendo en que el camino más corto y recomendable hacia el Perú era el de Lamas y Moyobamba.
En 1799 Requena elaboró un definitivo informe sobre el estado real de Maynas, llevando a cabo un interesante análisis histórico, político y económico. Éste se puede considerar como el resumen de los años 1779 y 1785. Así, las reformas propuestas e incorporadas a la real cédula de 1802 fueron: la creación de la comandancia de Maynas y la erección del obispado de la misión de Maynas.
En cuanto a los pueblos que debían agregarse al nuevo obispado, estaban Lamas, Moyabamba y Santiago de las Montañas, además de toda la región del Putumayo y la comprendida entre los afluentes que recibe el Amazonas por el sur y el norte. Se precisa en el informe la conveniencia de entregar las misiones de Maynas al Colegio de franciscanos de Ocopa, misioneros fervorosos y de experiencia..
El decreto de la real cédula se aprobó en el pontificado de Pío VII en el año 1805.

EL OBISPO FRAY HIPÓLITO Y LAS CONSECUENCIAS DE LA INDEPENDECIA DEL PERÚ

Fray Hipólito Sánchez Ranguel fue el primer Obispo de Maynas. Nació en 1761 en Badajoz (España). Vistió el hábito de franciscano en 1782. En 1796 pasó a Cuba como profesor de filosofía en los conventos de la orden. Luego, en 1802, fue designado como reformador de la provincia de San Francisco de La Habana. Le consagraron obispo en Quito, y enrumbó su viaje a Maynas por el río Napo.
El número de sacerdotes con que contaba la diócesis de Maynas era de unos 25 a 30. Sin embargo, los habitantes eran de unos 140.000 aproximadamente. De ellos sólo 40.000 eran cristianos. El obispo Ranguel tenía las intenciones de establecer la silla episcopal en la ciudad de Moyobamba, debido a que ocupaba una posición central en los derrames de la cordillera.
En las últimas décadas del siglo XVIII se vio acentuada una decadencia misional en la diócesis, debido a una serie de causas. En primer lugar las discordias entre los misioneros y el obispo por motivos de competencia, y sobre todo, las consecuencias de la guerra de la independencia del Perú.
Durante el periodo de la independencia del Perú, el obispo Ranguel defendió en todo momento los derechos de la corona española: aplicó en su diócesis la excomunión contra las personas y lugares que estaban a favor de la independencia.
En 1897 envió a España una larga descripción de la diócesis de Maynas y la historia del gobierno de su primer obispo en la que se señalan los motivos de su salida de Maynas.
Cuando se produjo la toma de Trujillo por las tropas de San Martín preparó una inmediata salida de Moyobamba, lugar donde se había refugiado tras haber encontrado dificultades en su diócesis al oponerse a la independencia, temeroso de que le tomasen preso y le obligasen a jurar la independencia. Efectuó su viaje por el río Huallaga, luego por el Amazonas hasta llegar a Brasil, y de allí viajó a España. Posteriormente fue nombrado obispo de Lugo (España) en cuyo servicio estuvo hasta su muerte en 1839.
Por este motivo el obispado de Maynas quedó vacante a lo largo de 15 años. Otra consecuencia de la independencia, aparte de la ya mencionada, fue la salida de muchos religiosos: tuvieron que abandonar el país los que eran religiosos españoles.

EL OBISPADO DE CHACHAPOYAS

Una ley del Congreso peruano, aprobada en 1831, dispuso que la capital del obispado de Maynas fuera en adelante la ciudad de Chachapoyas,con el nombre de obispado de Chachapoyas, que comprendía las tres provincias de Chachapoyas, Pataz y Maynas. Estas dos últimas provincias hasta el momento pertenecían al obispado de Trujillo, pero se atendían mal por la excesiva distancia. Desde la aprobación legal hasta el traslado definitivo pasaron varios años y en 1844 se cambió la sede episcopal de Moyobamaba a Chachapoyas. La nueva demarcación diocesana, territorialmente muy amplia, comprendía el departamento fluvial íntegro de Loreto, todo el de Amazonas y la provincia de Pataz, que en lo político pertenecía a Trujillo. La elección de Chachapoyas como sede se debía sobretodo a las cualidades de esta ciudad en cuanto a la comunicación. Fue elegido como obispo José María Arriaga, sacerdote de Trujillo y doctor en Teología.
El Papa le encomendó como prioridades de su nombramiento la erección de la iglesia catedral, la casa episcopal, el seminario y un monte de piedad. Su primera preocupación era hacer frente a los problemas de abandono espiritual en que habían quedado los pobladores después de la salida de los misioneros.
Pidió al Gobierno dinero y sacerdotes para llevar a cabo su reforma, pero el erario público no estaba en condiciones de sufragar la cantidad que él pedía.
Pensó en varias posibilidades: la selva no podía ser la fuente de los ingresos pues las tierras no estaban cultivadas y el comercio aún no existía, pedir dinero a Europa no lo veía oportuno, se decidió por constituir en Lima una Obra de Propaganda de la Fe en beneficio de los neófitos, a semejanza de la obra ya constituida en París. Esperaba que el presidente de la República, protector de la Iglesia peruana le ayudase a poner en marcha dicho proyecto. Él era el único obispo de misiones y como tal tenía derecho a aproximar la realidad de su diócesis a la que gozaban los demás obispados del Perú.
El Gobierno aprobó la obra y se llevó a cabo su organización.
Además de proveer los auxilios económicos llevó a cabo la redistribución de los pocos sacerdotes con que contaba, que eran sólo 16. En la vicaría de Moyobamba colocó 5, en la de Huallaga 3, en las reducciones 2, en las misiones del Marañon 4 y en las misiones del Ucayali 2.
También desarrolló una gran labor educativa creando escuelas de formación primaria en algunos lugares y poniendo al frente de ellas a sacerdotes y párrocos para la instrucción de los niños y velando para que los profesores laicos cumplieran bien con su trabajo y los padres enviaran a sus hijos a la escuela.
En 1869, se creó en Moyobamaba el primer establecimiento de enseñanza secundaria.

LOS OBISPOS FRANCISCO RISCO Y SANTIAGO IRALA

Francisco Solano Risco y Santiago Irala fueron dos de los ilustres franciscanos que salieron de los colegios y provincias religiosas de San Francisco Solano del Perú. El primero gobernó la diócesis de Chachapoyas de 1865 a 1898, muriendo en 1903. Santiago Irala, por su parte, había sido misionero de Ocopa desde 1899; como tal, hizo unas largas giras por los departamentos de Junín, Huánuco y Huancavelica. Era un gran conocedor del idioma quechua, colaborando en la formación del alabado Diccionario políglota de los misioneros Descalzos. Fue administrador apostólico y obispo de Chachapoyas desde 1903 a 1908. Murió en Ocopa en 1939.
Risco tuvo que enfrentarse con una fuerte escasez de recursos económicos, pues el Estado prohibió los diezmos y primicias. Las parroquias y la Iglesia en general se vieron obligadas a sostenerse a base de las limosnas de los mismos fieles, fijando unos aranceles por conceptos de las misas, los entierros y la administración de los sacramentos.
En 1900 la Santa Sede creó tres prefecturas apostólicas, como fruto de la desmembración de Chachapoyas. Con ocasión de este acontecimiento, se efectuaron algunos informes de interés acerca de las parroquias y sacerdotes de la diócesis.
Mons. Risco pasó momentos muy difíciles, por desavenencias con las autoridades. Tuvo que permanecer alejado de su diócesis, por miedo a daños personales. El Ministerio del Culto le recordó su obligación de residencia y él tuvo que renunciar a su cargo. Se retiró a Cajamarca ante la imposibilidad de seguir ejerciendo en Chachapoyas y propuso como sucesor a Pablo Visalot, que era rector del seminario e hizo funciones de administrador apostólico. Fallecido pronto éste, en su reemplazo fue nombrado en 1902 Fray José Santiago Irala como nuevo Obispo.
Muy pronto se dio cuenta de que los curas no deseaban su presencia allí. De los 36 sacerdotes de Chachapoyas, unos 11 estaban denunciados o con expedientes a causa de su conducta moral y vida desordenada. Su autoridad como obispo, no sólo era desoída, sino aun despreciada. Otro aspecto que influyó en su temprana retirada fue el hecho de hallarse lisiado de un pie, que le impedía la visita pastoral a los distintos lugares de su territorio.
La desobediencia y el relajamiento moral de los sacerdotes serán tristemente parecidos en tiempos posteriores, según los informes de sucesivos obispos.
Tras su renuncia, actuó como administrador apostólico Emilio Lissón.

LA INFLUENCIA DE OCOPA EN LAS OBRAS MISIONERAS

En 1709 apareció el P. Francisco de San José, fraile franciscano como fundador de Ocopa. Este padre, nacido en Mondéjar (Guadalajara), después de trabajar como misionero en Centroamérica, viajó al Perú y fue vice-comisario de misiones en este país.

Escogió un pequeño local que le habían cedido en el valle de Jauja, para fundar allí un convento de la orden de San Francisco con el nombre de Santa Rosa de Ocopa. En 1757 se obtuvo la cédula real de su erección como colegio, y la aprobación papal llegó el año siguiente.

Algunos misioneros que más se destacaron en sus correrías apostólicas por la amazonía fueron, además del P. Francisco, Juan de la Marca y José Amich; pero en 1742 un movimiento antiespañol dirigido por Juan Santos Atahualpa, impidió el trabajo de los misioneros por largos años. Es entonces cuando los franciscanos misioneros tras un largo periodo reiniciaron sus actividades desde el colegio de Ocopa.
En 1784 había llegado al Perú el P. Sobreviela. Luego de ser nombrado guardián de Ocopa, emprendió largos y penosos viajes, recorriendo los puestos misionales sostenidos desde Ocopa.

El P. Sobreviela hizo una visita oficial por el Huallaga en el año 1790, donde llevó a cabo la fundación de Uchiza y Pachiza. En su recorrido llegó también a Tarapoto y Yurimaguas, encontrando allí gente dedicada al trabajo y al comercio de café, algodón y cacao. En Tarapoto había una población de 1125, de los cuales 844 eran españoles.

Como fruto de la inmensa tarea realizada se descubrieron casi todos los afluentes del Amazonas, llegando la acción de los misioneros a innumerables tribus.

El colegio de Ocopa fue suprimido en 1824 por Simón Bolívar, porque la mayoría de sus integrantes eran españoles y podían convertirse en un apoyo del poder regalista; también porque se había abandonado la educación pública en el valle de Jauja. Por consiguiente, Ocopa quedó convertido en un colegio nacional, al servicio de la juventud peruana.


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